Terapia de pareja
Terapia de pareja con enfoque feminista
Un espacio para detener el conflicto, escuchar lo que está ocurriendo y encontrar una forma más clara y responsable de afrontar el momento que vive la relación.
Una conversación distinta
Cuando el conflicto vuelve al mismo punto
Hay momentos en los que una pareja intenta resolver sus dificultades una y otra vez, pero termina regresando al mismo punto. Las conversaciones se convierten en discusiones, aparece la distancia o resulta imposible hablar de ciertos temas sin que el malestar aumente.
La terapia ofrece un lugar diferente al de esas conversaciones cotidianas. Un lugar con tiempo, estructura y acompañamiento profesional para comprender el problema antes de decidir cómo responder a él.
La pareja intenta resolver lo que ocurre.
Cuándo pedir ayuda
Cuando la relación necesita un espacio distinto
No hace falta esperar a que la relación esté al límite. Se puede pedir ayuda cuando el vínculo se ha vuelto doloroso, cuando existe una decisión importante pendiente o cuando ambas personas desean cuidar la relación antes de que el desgaste sea mayor.
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Discusiones que se repiten y nunca llegan a resolverse.
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Distancia emocional o pérdida de intimidad y deseo.
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Infidelidad, pérdida de confianza o una crisis inesperada.
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Desacuerdos sobre cuidados, dinero, trabajo o convivencia.
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Cambios relacionados con la maternidad, la paternidad o las familias de origen.
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Dudas sobre el proyecto compartido o sobre la continuidad de la relación.
El proceso
¿Qué hacemos en terapia?
El proceso comienza dando espacio a la experiencia de cada persona y observando qué ocurre entre ambas. No se trata de determinar rápidamente quién tiene razón, sino de construir una comprensión que permita intervenir de otra manera.
Mirada feminista
Una mirada atenta a las diferencias y a las desigualdades
El enfoque feminista permite observar la relación sin dar por hecho que toda responsabilidad está repartida de forma simétrica. Ayuda a diferenciar una diferencia negociable de una desigualdad, y a reconocer cómo influyen el género, los cuidados, la autonomía, el consentimiento y el poder en la vida cotidiana de la pareja.
Esta perspectiva no sustituye la escucha de cada historia individual. La amplía: permite entender qué pertenece a la biografía de cada persona, qué se ha construido dentro de la relación y qué condiciones sociales están influyendo en el malestar.
No se trata de repartir culpas, sino de reconocer con precisión qué está ocurriendo y qué responsabilidad puede asumir cada persona.
Identificar las dinámicas de poder, co-creadas de forma consciente o no y permitir nombrar e identificar lo que genera el síntoma.
Observar cómo los mandatos de género influyen en lo que se espera de cada persona.
Revisar cómo se reparten los cuidados y las responsabilidades cotidianas.
Distinguir qué necesita cada persona para sostener su autonomía dentro del vínculo.
Nombrar acuerdos, límites y deseos que necesitan expresarse con claridad.
Reconocer cuándo una diferencia negociable se convierte en una desigualdad.
Dar el primer paso
Pedir ayuda no significa que la relación haya fracasado.
Puede ser la manera de crear una pausa, escuchar lo que hasta ahora no ha podido decirse y decidir cómo continuar desde un lugar más consciente.
La primera tarea no es encontrar una solución inmediata, sino comprender juntxs el síntoma y nombrar lo que lo genera, y necesita ser atendido.